No es extraño que, al realizar las obras necesarias de reforma y mejora, se descubra que la vivienda adquirida adolece de verdaderos vicios ocultos. Incluso –si la vivienda está ubicada en los cascos antiguos de la ciudad- el comprador (como se expone en el consultorio de ‘El Confidencial’) puede sorprenderse con la presencia no grata de termitas. ¿Quién responde de tal circunstancia? ¿A quién reclamar? ¿Se puede resolver el contrato de adquisición y recuperar el precio pagado? ¿Quién deberá, en todo caso, asumir el coste de la erradicación de las termitas?

Son muchas las preguntas  y cuestiones  que surgen de inmediato. La respuesta a ellas  -con un mínimo de seriedad- exige una información mayor y más detallada sobre otras muchas circunstancias.  Lo aconsejable es acudir a un despacho de abogados, que le escuchen sin prisas y le elaboren una respuesta jurídica meditada. El despacho Delgado&Asociados le atenderá y le ofrecerá la respuesta que busca al problema de la presencia de termitas. 

En principio, podríamos estar ante un supuesto de vicios ocultos en la compraventa.  El vendedor  ha  de responder ante el comprador por los vicios o defectos ocultos que tuviere la cosa vendida.  Ello es así cuando la cosa vendida  es, por los vicios ocultos aparecidos, impropia para el uso a que se destina (vivienda residencial) o cuando tales vicios ocultos disminuyen de tal forma las posibilidades de uso que, de haberlos conocido el comprador, no la habría adquirido o habría pagado un precio diferente, bastante más bajo.

Sentada la premisa anterior, es preciso aclarar si el problema aparecido  afecta  a elementos comunes del edificio o solo a la vivienda adquirida. Ello será determinante a la hora de establecer y fijar quién es el responsable de los defectos ocultos que han aparecido ahora. Si lo centramos en las termitas aparecidas, la aclaración  anterior es decisiva para fijar quién deberá hacerse cargo del pago del coste de su erradicación.

Otra circunstancia de gran importantica gira sobre la gravedad de la plaga aparecida, esto es, si da lugar o hace totalmente inservible el bien adquirido para el destino que se quiere (vivienda) o si, simplemente, estamos ante un fenómeno que no es de tal gravedad (impeditivo del uso residencial), aunque haya que proceder también a su erradicación.

No parece, en principio, que sea aconsejable intentar la rescisión del contrato de compraventa. A nuestro entender, sería más viable (posibilidades de éxito) reclamar al vendedor por los daños y perjuicios ocasionados, esto es, reclamar el importe de los gastos habidos para eliminar las termitas.




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